John Carney (2016)
Se pueden hacer muchas lecturas de Sing street, pero si hay algo que la define y que siempre tendrá toda mi atención es ese espíritu de inadaptados reivindicándose que ya inmortalizó a la perfección glee en Loser like me.
Creo que es imposible hacer un grupo de chavales más entrañables que el de la banda que monta Connor. Hay un pringado de cada uno de los tipos de pringados que existen y encima cambian de forma de vestir acorde a su ídolo de la semana. Ojala tener 15 años y que todos fueran mis amigos.
Esa mezcla de drama y épica optimista que solo las películas de adolescentes pueden tener asumo que emocionan a cualquiera, pero por si eso no fuera suficiente (que obviamente sí lo es), la peli tiene más capas que la hacen tener verdadera trascendencia.
No necesita ser demasiado explícita en ninguno de los temas que trata. Al contrario, con algún diálogo sutil por aquí y por allá da una profundidad que igual no cabría esperar de una coming of age de este tipo, poniendo sobre la mesa temas como la pederastia o el abuso sexual intrafamiliar. Mención especial al arco del hermano mayor. El mejor personaje donde en otras historias similares no cabría esperar más que un simple recurso humorístico. El momento en el que grita al final es precioso.
Y todo esto recubierto de canciones. ¡Qué más queremos! Temazos teenager que incluso el que los canten regular les da su encanto.
Hello Dublin! We are Sing street from Dublin.
Para los fans de películas de adolescentes como yo es una película imprescindible, incluso mejor la segunda vez. Profunda, sensible, divertida, soñadora, sanadora, inspiradora. Este grupo de adolescentes dublineses buscan su espacio a la vez que su estilo, sin perder ambición a pesar de los problemas que enfrentan. Los personajes (¡y los actores!) tienen talento, carisma, creen en sí mismos, evolucionan a la vez que se van encontrando y van probando nuevos estilos. La mejor, la fase The Cure. Y me gusta especialmente que las situaciones que les acompañan también evolucionan al mismo ritmo que ellos a lo largo de la película. Por ejemplo, que el matón del instituto termine encontrando su espacio en la propia banda. Y que el protagonista tenga tanta fe en sí mismo que sea él el que se lo proponga.
Me sobrecoge que no tiene ni una pizca de cinismo, que unos adolescentes crean tanto en su música que se atrevan a hacer unos videoclips donde encajan unos dientes de vampiro, vaqueros y abrigos largos. Y la banda sonora también acompaña a la perfección, empezando por Duran Duran, temazos originales como ‘Drive it like you stole it’ y terminando con… ¿Adam Levine? ¡Es Adam Levine cantando la letra del hermano! Es súper interesante la figura del hermano mayor como referente musical que es también frágil y dolido, a la vez que aporta la luz que le falta a esa familia, la misma luz que su madre ansía. Al final, vive como una victoria que su hermano le arrebate su propio sueño en un gesto generoso y conmovedor.
Pero siempre hay al menos un pero, y en este caso (como casi siempre) es el personaje de ella (por cierto, me pasé media película pensando que se parece a Margot Robbie y resulta que sale en Barbie). No habría estado mal que se dignaran a pasar el test de Bechdel, pero ni siquiera lo intentaron. El final tampoco me encanta, Cosmo nunca expresa su interés por marcharse pero de repente no duda. No sé, no me encaja con la línea de la película que por el resto es perfecta.
John Carney es uno de esos directores que se vuelven fácilmente reconocibles con muy poquito. Ya habíamos entrado en su mundillo anteriormente y con cada película suya que ha tocado siempre he empezado preguntandome “es el de Sing Street, no?”.
Con las Feel Good Movies me pasa igual que con los torreznos fuera de Soria: Muy buenas tienen que ser para no me empache. En este caso creo que Sing Street es el torrezno más digestivo de Carney.
La banda sonora es el principal punto fuerte: Desde The Clash a Duran Duran pasando por Mötorhead o The Cure. El reparto, semidesconocido con la excepción de Meñique de Juego de Tronos, cumple su función y hace amena una trama simpática y predecible a partes iguales.
En mi caso Sing Street no es una película que se vaya a grabar a fuego en mi cabeza por los siglos, pero ha sido un entretenimiento que no decae en ningún momento y que me ha hecho tocar la batería invisible más de una vez.
¡Olé! Durante 1 hora y 45 minutos eres completamente feliz, sabiendo de forma fehaciente que todo va a salir bien pase lo que pase. Porque la estructura no se aleja ni un ápice de la clásica comedia romántica, pero junta una serie de elementos que, aunque inverosímiles, funcionan dentro de las reglas que John Carney propone. Manteniéndote a este lado de la raya, se disfruta de un carismático protagonista rodeado de secundarios pintorescos y con gracia y el buen drama amoroso adolescente. Música fácil de tragar y muy disfrutable. Y un buen rollo ingenuo que hace que no pierdas la sonrisa. Al otro lado de la raya y por un instante me aparece la figura del hermano mayor. Esos momentos son los que casi hacen que se me derrumbe el castillo de naipes. El contrapunto de profundidad, probablemente necesario, pero que no me convence como papel de adulto fracasado que se proyecta.
Esta es mi película favorita de Carney y es que cualquier cosa de adolescentes en instituto es automáticamente una obra maestra.
Precioso homenaje de ECDC a Sing Street en su décimo aniversario. Y preciosa va a ser mi crítica porque hacía años que no la veía, y me ha gustado incluso más. Haber cazado alguna referencia a Begin Again, me lo ha hecho más especial aún. ¿Objetividad en este texto? Ninguna. Y es que yo nací para ver películas de John Carney.
Adolescentes, colegio, música (de la buena, tanto la original como la que no lo es), amoríos (también del amor bueno, el que existe entre hermanos) e Irlanda. ¿A quién no le va a gustar? Todo encaja a la perfección en esta película.
El guion me parece de lo mejorcito del largo (¿cuántas frases de Brendan podría tatuarme?); a las interpretaciones, ni un pero les pongo (me convence desde el pelirrojo de brakets y su marcadísimo acento dublinés hasta la madre, pasando por el matón y la preciosísima Lucy Boynton); la ambientación, fantástica (esas escenas que comienzan con el grupete, con Conor siempre a la cabeza, vestido como marca la moda que estamos escuchando a través de un grupo, una canción); ¿y la música? Pues llevo días con la banda sonora en bucle.
Quería hacer mención especial merece la escena en la que los 3 hermanos bailan al son de Maneater mientras oímos de fondo a sus padres discutiendo. Esto es cine, señoras.
Sing Street es cine que entretiene, que divierte, que conmueve. De esas películas que te dejan con ganas de más, y con todos tus males (aunque sea momentáneamente) resueltos. Creo que recomendaría verla mínimo una vez al año.
Tengo las expectativas altas amigo John, espero que esa Power Balad no defraude.
P.D.: alguien comentaba que no hay película inglesa sin personajes de Hogwarts, pues diría no hay película irlandesa sin personajes de Invernalia.
