Morvern Callar

Lynne Ramsay (2002)

 

Llevo dos días pensando en cómo escribir esta crítica, por algún motivo no me parece fácil, porque tampoco me lo parece la película. Es de esas que he visto un poco anestesiada y que con los días ha despertado dentro. Juega con eso, con ser directa, a veces simple, pero tiene un dardo complejo que va envenenando poco a poco, que funde a medida que se procesa. Me gustaría haberme dejado sufrir más por ella, pero a ese tipo de personajes me cuesta quererlos. Y eso que estoy haciendo un ejercicio de amar más a los que toman decisiones que nunca tomaría yo. Estoy progresando. Está ok dejar a un muerto en el suelo unas semanas. Está ok robar las novelas de un muerto. Claro que sí, cada uno lleva el luto como puede: se baila, se folla, se viaja, se calla, se escapa.

No ayudó esa parte rodada en Almería, que no entendí (creo que porque nunca he estado en Almería y me empané imaginando dónde se ubica el Hostal Rozinante, con Z en los subtítulos). También supongo que me ofende cuando a mis compatriotas se les pinta de paletos aunque me dé igual que con los ingleses se haga lo mismo. Ese amor-odio hacia Morvern se convirtió en compasión cuando esa reunión con los editores, al final de la película, me desestabilizó el orden personal. Me di cuenta de que de verdad estaba ok robar las novelas de un muerto. Hay que señalar al sistema siempre, joder.

Me quedo con la música, ecléctica; y con las imágenes, más todavía. Limpiar un cadáver con un mp3 pegado al cuerpo con celo 💚.

No fue hasta después de terminar la película que busqué el resto de películas dirigidas por Lynne Ramsay. Hace poco vimos Die my love. Todo encaja. We Need to Talk About Kevin, esa película es de esas en las que piensas años después (no ver si estás intentando tener hijos).

Ya lo dijo Iván Ferreiro, ¿quién no tiene el valor para marcharse? ¿Quién prefiere quedarse y aguantar?

Lynne Ramsay es una de esas cineastas cuyos estrenos siempre me generan una curiosidad muy sana. Recuerdo ver en el cine en su día En Realidad Nunca Estuviste Ahí y salir bastante entusiasmado. Recientemente vi Die, My Love después de meses de hype por no haberla podido ver en el cine y no decepcionó. Partiendo de esta base tenía expectativas ciertamente altas puestas en Morvern Callar.

Aquí vemos una tónica habitual en el cine de Ramsay: Historias interesantes cuya puesta en escena se basa más en estímulos e imágenes potentes que en narración propiamente dicha. Esto hace que entrar en sus películas cueste un poquito y Morvern Callar no sólo no es una excepción si no que es el ejemplo más claro. La trama ejecutada de otra forma podría haber dado para una comedia negra/thriller psicológico mucho más completa. Pero de nuevo, pedirle a Lynne Ramsay que abrace una narración convencional sería como ir a un concierto de Barricada y pedirles que bajen el volumen y toquen una de Alex Ubago.

Samantha Morton es un pedazo de actriz y aquí su gestualidad, su idioma corporal, sus miradas…sirven para construir a un personaje complejo e imperfecto que se mueve por impulsos y que no espera que el espectador justifique o analice nada de lo que hace. Para mí de lo mejorcito de la película.

¿Lo peorcito? Cada segundo que se desarrolla en España. A lo mejor estoy siendo muy “mimimi”, a lo mejor me ha poseído Abascal, no lo sé, pero no soporto una ambientación pobre y tópica. Lo encuentro de mal gusto, cutre e irrespetuoso. Sí, ese hotel lleno de guiris borrachos en las tumbonas carbonizandose puede ser una bofetada nada sutil al snob british que hace dinero y se va a la costa del Sol sin integrarse ni un poquito. Hasta aquí todo ok. El problema es ese taxista desdentado cantando de forma ininteligible, ese permanente filtro Mexico sacado de Breaking Bad, ese hedonismo constante, esa señora que en el bus pretende ser local pero suena un poco a todos los acentos de la península a la vez pasados por un filtro Michael Robinson. Pura óptica britanico-germánica que, por mucho que se haga con una perspectiva ácida y atrevida, sigue perpetuando una imagen y unos estereotipos que nacen de un lugar de desconocimiento y privilegio.

En resumen Morvern Callar es una apuesta arriesgada. Otra apuesta arriesgada más de Lynne Ramsay. Unas me han entrado enseguida, esta en concreto no. Desde luego celebro que siga apostando por su visión y ojalá no deje de hacerlo nunca (pero que le diga a su Production Designer que no pise Madrid por si acaso, porque lo voy a encontrar).

Racistada histórica la visión que da esta peli de España. Solo es media hora pero da tiempo a ver unos San Fermines + procesión religiosa en un pueblo de la Toscana al que llegan en el coche de un gitanazo sin dientes, el cual suponemos que es un taxista porque las lleva a donde quieren, no porque ese coche lleno de pimientos tenga pinta de taxi. Épico también ese mini road trip por México. Tremenda la España de la posguerra en los 2000.

El paso previo por el hotel Rocinante en el que todo el mundo habla un perfecto inglés es también delirante. Y todavía se enfada porque no pronuncian del todo bien Morvern Callar. Nombre que está más cerca de un personaje de Star Wars que de uno escocés.

Si consigues ignorar todo eso, que creo que se puede, la peli está bien. Es más un viaje sensorial o audiovisual que una historia coherente. Comparándola con Die my love (la última de esta directora) creo que se pueden ver las similitudes en ese viaje loco que te pega la peli y que luego de forma más reposada puedes reflexionar un poco sobre los temas que trata, más allá de los hechos concretos de la trama. Ayuda también que las dos protas son bastante carismáticas y tienen mucha química entre ellas.