Cecil B. Demented

John Waters (2000)

 

Mi primera película de John Waters, y me duele admitir que no tengo ni idea de si era un buen lugar desde donde empezar o tendría que haber ido a lo fácil, por Pink Flamingos. Sin haber visto esta segunda, siento de que ya he entrado en la estética Waters y eso me permite encontrar su hilo conductor. No muchos directores tienen un sello tan personal, y menos decirse que ese sello es reconocible habiendo visto una (¡o ninguna!) de sus películas.

Dando un repaso en la superficie a esa filmografía de Waters, me da la sensación de que todas sus películas serían aprobadas por los personajes de Cecil B. Demented. ¡Excepto una! No sé bien qué hace Hairspray ahí. Pero en realidad yo solo he visto el remake hollywoodiense del 2007 con Zac Efron, así que no sé cuánta aprobación de Waters hay en esta película. El resto siguen una coherencia, y eso es placentero.

Ahora dejo de hablar de películas que no he visto para centrarme en la de hoy. Me da pena porque creo que llego tarde a ella. 25 años tarde. Es un film situado muy en su tiempo, todo encaja en el contexto año dos mil. Hay bromas que hoy son excesivas (para una woke como yo), y hay una alabanza a la contracultura que descoloca un poco. Principalmente, porque la mayoría de los directores que tienen los personajes tatuados (¡¡Almodóvar!!) son hoy culmen de lo alabado por crítica y público, y por tanto, cúspide de la pirámide de la cinefilia. Supongo que si hoy se hiciera un remake (el cual detestaría el propio Waters), la crítica iría contra Netflix, Marvel y demás corporaciones, pero dentro de otros 25 años las miraríamos con la misma nostalgia, echando de menos las grandes financiaciones.

También es muy buena película si tienes 18 años y buscas rebelarte contra tus padres (como el pobre personaje que lo intenta una y mil veces pero siempre es tentado por el lecho materno) y el sistema. Hoy sigue siendo divertido verla, y aunque se vea desde otro sitio, es disfrutable de principio a fin. La trama siempre va hacia arriba (y mira que empieza arriba) y el guion es bastante divertido, con sus pequeñas dosis de vergüenza ajena. Nunca viene mal una crítica a la cultura de masas, alguien tiene que movernos un poquito de nuestros asientos.

El mejor momento: la actriz que intenta huir confiando en la policía y luego ve que de quien debe huir es de la policía.

Larga vida al cine underground, eso siempre. Al Club del Cine se viene a eso.

No estaba yo muy metido en la filmografía de John Waters. De él sólo conocía Cry Baby (que me encanta) y su aparición en Los Simpsons (Trabajar y juguetear!!, Paaaaasssso que voy arrrdiendoooooo; pa loca tú, calva! sí, ese capítulo). También vi Hairspray aunque fue el remake y no su original. Precisamente de Cry Baby y Hairspray pude atisbar en John Waters un amor incondicional por su ciudad, Baltimore. Un amor que le lleva a convertir Baltimore en un actor recurrente en su filmografía, de forma similar a lo que hacen Spike Lee, Scorsese o Woody Allen con Nueva York; Paul Thomas Anderson con Los Angeles o Justin Benson y Aaron Moorhead con la cabaña esa en mitad del pasto.

No veo en lo poquito que conozco de Jon Waters mayor pretensión que la de pasarlo bien. Ni siquiera compro esa etiqueta de provocador que frecuentemente se le ha endosado. No creo que busque horrorizarte, asquearte o escandalizarte como objetivo. Simplemente disfruta como un cabrón intentándolo.

Yo desde luego me lo he pasado muy bien viendo Cecil B Demented. Stephen Dorff nunca ha sido el más carismático del lugar, pero su presencia se ve mitigada por su tropa de cineastas terroristas (entre los que estaban unos jovencitos Michael Shannon y Maggie Gyllenhaal). Kudos por el homenaje a Almodóvar porque no sabía que ya en el 2000 se le tenía en tanta estima fuera de Españita. Melanie Griffith cumple con bastante solvencia aunque debo decir que me quedó la sensación que su personaje tenía mucha más comedia dentro de la que nos han dejado ver.

Waters, más listo que el hambre, retrata la pedantería y la pretensión del sector como nadie. Esa obsesión por nutrirse sólo de lo más elevado. Esa facilidad para mirar por encima del hombro al de al lado en base a sus gustos. Ese namedropping continuo. Todo ello lo hace usando como vehículo una película orgullosa y pretendidamente imperfecta e incluso flojilla, con sus sobreactuaciones dignas de dibujo animado, sus situaciones inverosímiles, sus personajes indeseables y pervertidos… Nada de esto es fortuito. Estamos hablando de un señor que tiene tablas y recursos para hacer algo más “limpio” y sin embargo hace de lo contrario su seña de identidad.

Llevaba años con la asignatura pendiente de ver algo de John Waters (concretamente desde que Henar Álvarez martilleaba en cada podcast con alguna referencia suya) y oye, ni tan mal.

No puedo decir que me haya gozado la peli, que entiendo que es algo que a los fans les ocurrirá porque es bastante disfrutona, pero si que se me ha hecho amena y divertida.

Es muy movidita desde el principio y no paran de ocurrir cosas así que no hay tiempo para aburrirse. La presentación con el secuestro mola mucho y la trama es loca y surrealista hasta el punto de que no se muy bien si está haciendo una crítica al cine mainstream o una parodia a esa actitud altiva sobre las películas comerciales. Seguramente haya un poco de ambas y en realidad no importa tanto. Ver a una horda de pajeros zombis o de exconvictos karatekas ya justifica su visionado sin necesidad de ese análisis más profundo.

Disfrutable también el repaso a caras conocidas haciendo sus primeros pinitos en Hollywood. Mis favoritos: Vincent Chase aka Aquaman aka Queens Boulevard y uno de los pandilleros de The wire, como no podía ser de otra forma estando ambientada en Baltimore.

Me quedo con los créditos de inicio. Me parecen una maravilla, cutres como toda la peli, pero con una estética que me atrapa.

Resulta muy difícil entrar en el mundo excesivo que propone John Waters. Todo es ortera, absurdo, surrealista y con una estética que no sobrevive. Una carta de amor al verdadero cine, el b, que persiguiendo esa película imposible congrega a un puñado de fanáticos guerrilleros del cine de verdad. Echo de menos diferenciar en algún momento la parodia de la realidad porque en ese ir y venir de ficción/realidad todo tiene el mismo tono exagerado. Pero es así, ese es el espíritu; no se toma en serio a sí misma y se ríe de todos los tópicos de Hollywood. Es mareante seguir todas las referencias del mundillo con ese ritmo y estética de comedia de finales de los 90.

No había visto nada hasta ahora de John Waters. Acierta con alguna de sus parodias, pero en general se me hace repetitiva en sus gags, con un humor básico y gratuito. Sobrevive como película de culto en defensa del underground, pero en su época tuvo muy mal recibimiento, recaudando apenas una quinta parte de lo que costó, lo que supongo que paradójicamente la hace más grande.