Synchronic

Justin Benson y Aaron Moorhead (2019)

 

Nueva temporada de el club del cine pero los mismos Justin Benson y Aaron Moorhead haciendo de las suyas.

Viniendo como veníamos de unas películas bastante complejas y no muy fáciles de entender, Synchronic me ha parecido bastante llevadera. Otra historia de viajes en el tiempo, que si bien tiene sus propias reglas un poco atípicas, una vez las explican va todo bastante rodado.

La peli tarda un poco en arrancar y tal vez ese inicio sea lo mejor, cuando no tienes claro si estás ante un thriller, una de terror o simplemente otra fumada de esta pareja. Cuando queda claro que no tiene más misterio que el de unas pastillas que te hacen viajar en el tiempo por unos minutos y que el prota va a usarlas para salvar a la hija de su amigo, ya solo resta esperar al (predecible) desenlace de forma más o menos entretenida. En mi opinión es la más floja de todas las que hemos visto, no se si por unos personajes bastante sin más o por ese guion que, igual con esa intención de hacer la película más digerible, se vuelve un poco genérico y a veces hasta cliché, algo a lo que no nos tenían nada acostumbrados estos dos.

También tiene este rollo carpe diem, igual un poco naive, de apreciar lo que tenemos. Conclusión a la que llegan los dos amigos, cada uno por su camino y siempre con esa dualidad de hombre soltero y alocado vs hombre casado y amuermado, en el que ambos son inconformistas con lo que tienen y siempre deseando otra cosa hasta que la vida (un cancer / una hija desaparecida) les muestra lo realmente importante. Un poco basic pero me ha parecido bien llevado.

Lo que no he podido es olvidar que Anthony Mackie es Capitán América, lo cual es irónico porque cuando le vemos en el universo marvel no podemos evitar pensar que el verdadero Capitán América es Steve Rogers y no él. Pobre hombre, anclado a un papel por el que ni siquiera es recordado.

¡Otro año más! Damos la bienvenida a la siguiente temporada del Club del Cine con un presagio que se repite del pasado: va a ser duro. Terminamos la temporada pasada sin saber qué le debe Enrique a los directores Aaron Moorhead y Justin Benson, y empezamos este año exactamente igual. He revisado la filmografía de estos dos y por lo visto, si Enrique sigue en esta línea, nos quedan 5 más de ellos que ver. De verdad, pido clemencia.

Synchronic es, a mi parecer, una parodia que no pretende serlo. Se toma muy en serio a sí misma pero todo, excepto las interpretaciones, grita pantomima (no full). Lo de las interpretaciones es lo que descoloca, pues si fueran malas sería todo un paquetito entregable irrisorio, excesivo. Al no serlo no queda claro qué es ni qué pretende.

Ejemplos que la hacen ser *otra* película americana: hombres peleando en lugar de comunicarse, no pasar el test de Bechdel, robar pastillas y morfina del trabajo, regalos de cumpleaños absurdos, ir por la calle andando y pararse a charlar sentados en las raíces de un árbol, hombre que no quiere a su mujer pero no se atreve a dejarla y se mata si lo hace ella, la “desaparición” del perro. Pero bueno, mejor un dueño sin perro que un perro sin dueño (por cáncer).

Es todo previsible, pero precisamente por ello, se agradece su recorrido. Por una vez la premisa de los viajes en el tiempo es facilísima de entender. Para una persona como yo, incapaz de comprender que el mundo pueda ser un vinilo, ha sido maravilloso. No quiero pensar en si las normas están bien planteadas o no, o qué ha ocurrido con el hombre ese de la época glaciar ahora que ha descubierto el fuego. Tampoco tengo tan claro que sea tan fácil morir en 7 minutos de viaje en el tiempo, pero ok. Para terminar de hacerlo simplón, y ya que al menos estaba dentro, he echado en falta el final feliz. El del todo.

El epítome de los hombres americanos:

Cuando tu amigo te dice que tiene cáncer,

  1. Te enfadas con él por no habértelo dicho antes (15 días antes)

  2. Le dices que estabas a punto de meterte con su nuevo corte de pelo.

Hasta siempre, Capitán América.

¿Sabéis cuando la gente dice que el Robe de ahora es un moñas y que el bueno era el de hace veinte años, cuando se drogaba y escupía al público? Pues me siento un poco así con la filmografía de Justin Benson y Aaron Moorhead (que siguiendo con símiles rockeros que oportunidad desperdiciada no haberselo cambiado a Mötorhead). Creo que el dúo se movía con mayor soltura con presupuestos ínfimos, sin grandes nombres pero con propuestas igual de atrevidas.

Tengo que aplaudir su voluntad de ofrecer historias complejas, valientes, originales… No obstante, ese “en su cabeza era espectacular” que ya me transmitió The Endless en su momento me ha asaltado de nuevo con Synchronic. Quieren impresionar tanto que se apabullan y queda en eso, en una buena intención.

Anthonie Mackie y Jamie Dornan en circunstancias normales no me suelen llamar demasiado. Al primero si puedo lo evito y al segundo a ratos. No obstante aquí muestran una solvencia superior a la habitual y son de lo mejorcito de la película. Mención especial a la fotografía, que por lo que he podido bichear corre a cargo del propio Aaron Moorhead como viene siendo habitual en su filmografía.

Me imagino la próxima reunión de Justin Benson y Aaron Moorhead con la productora así:

  • Mira, nuestra nueva película trata sobre un examinador de la DGT que mientras está haciendo un práctico pilla un bache, se da en la cabeza y descubre que es su propio padre y su nieto a la vez. ¡Ah! y puede viajar en el tiempo pero no en el espacio.

  • Oye, ¿Y por qué no hacemos algo más normalito esta vez?

  • ¡Jiome! ¡Tú estás loco! Vamos, Aaron, nos lo llevamos a A24.

Todas las películas de los amigos Justin Benson y Aaron Moorhead que hemos visto me lucen bastante “prácticas para una clase de Comunicación Audiovisual” (con todos mis más profundos respetos). Así como cutrecilla. Y eso que en Synchronic se ve una evidente evolución técnica, y cuenta además dos estrellas hollywoodienses, por lo que la evolución de los directores es clara.

Ni Falcon ni mi paisano Christian Grey han conseguido que le dé una oportunidad a la Ciencia Ficción. En anteriores películas de la dupla de directores, las actuaciones me han parecido muy mediocres, siendo este uno de los principales motivos que provocan que no conecte con sus películas. Y en este caso me pasa lo mismo: no me creo a nadie, todos me parecen forzados (especialmente Anthony Mackie). Y algunos escenarios, muy cartón piedra (ese final, por favor, me quedo mortimer).

Por otro lado, la película nos presenta un batiburrillo de tramas tremendo, quizás si se hubieran centrado en ser solo una cosa, hubiera funcionado mejor. Pero aquí tenemos viajes en el tiempo, droga sintética, cáncer terminal, desapariciones, crisis matrimoniales…

Creo que en la búsqueda de hacer una película más accesible al público general, los directores construyen una película más “fácil”, perdiendo esa esencia más WTF que me dejaron las anteriores. Y en esta misma búsqueda, han querido introducir muchos elementos que, en suma, me pierden.

En resumen: si te gustan las pelis de estos muchachos, creo que esta te gustará menos que las anteriores. Si las pelis de estos muchachos no te gustan, esta tampoco te va a gustar.

Nos encontramos con la cuarta y probablemente la penúltima de esta serie de películas autoproducidas de Justin Benson y Aaron Moorhead. No hay que negar cierto romanticismo y resiliencia en la industria al encontrarte a este dúo que se lo hace absolutamente todo. Benson escribe y Moorhead dirige y fotografía. También la editan, la producen y muchas veces hasta la interpretan. Con ciertos altibajos, las películas sobreviven bien con su dosis de lore propio, las premisas de ciencia ficción y fantasía y su indagación en las relaciones humanas.

No es Synchronic su apuesta más acertada. Me llamó la atención en el montaje el amplio repertorio de cortes de todas las clases y transiciones raras. Ante tal experimentación es normal que no todas encajen y al final parezca más un ejercicio de ensayo que algo meditado.

Repite una fórmula que ya veríamos en las dos más conectadas, The endless y Resolution. Dos amigos, siempre hombres, que exploran su relación a medida que se desarrolla un caos fantástico a su alrededor. No son dos personajes demasiado carismáticos ni se produce un gran arco propio de una buddy movie. En este sentido, le hace un flaco favor el aumento de presupuesto y los efectos especiales, que, aunque aceptables, descuidan la construcción de la relación que parecía el punto fuerte de otras.

Suele ser muy mala idea el tener que pasar mucho tiempo explicando la premisa o el funcionamiento de la singularidad. Mal asunto si no se puede entender con el discurrir y tienes que acudir a momentos de pizarra como el del científico sentado en su sofá. Me vienen a la cabeza otros famosos momentos de pizarra, como los 15 minutos de explicación en el final de Shutter Island (literalmente con pizarra) o en Tenet, que les faltó cambiar de formato y sentarnos en un aula.

Esperamos, Enrique, no ansiosos, la última entrega hasta la fecha.