Alan Parker (1988)
No hay nada más estadounidense que hacer una película sobre la segregación de los negros y que los salvadores sean dos agentes del FBI blancos.
Supongo que soy el target de Hollywood porque por supuesto a mi me ha gustado. Si la historia es más o menos veraz supongo que no lo sabré nunca, pero en nuestro imaginario occidental está claro que si al final de una película te ponen los nombres de esas personas junto a una frase con su futuro, asumimos que todo ocurrió tal y como se cuenta.
Una vez asumido que mi visión del mundo la crean unos guionistas desde Los Angeles, puedo decir que el envoltorio con el que lo han hecho está bastante bien. Me gustan los dos protagonistas polibueno – polimalo, me gusta la investigación en ese contexto de pueblo paleto (aquí va mi pequeño homenaje al 30 aniversario de Pokemon) y me gusta que cada cinco minutos nos recuerden el por qué del título de la película.
Como curiosidad entre bambalinas diré que el inicio me recordó a El diablo sobre ruedas, que casualmente iba a recomendar Jorge en este turno y que cambió a última hora. Supongo que era la semana de persecuciones en la carretera por desconocidos.
Qué mal envejece una película como esta hoy en día. Eran otros tiempos cuando el FBI estaba a favor de los negros, otros tiempos cuando los buenos eran los demócratas. Ponle esta peli al ICE a ver qué opina.
Estamos ante una estructura hollywoodiense hiper clásica: enemigo (los catetos de Mississippi), problema (racismo), solución (FBI), dupla (policía bueno – policía malo). Y a repetir una y otra vez. Sin descanso. Entre medias, unos totales modo entrevista de gente de Mississippi siendo racista, por si no te había quedado claro que son unos catetos. Y entre medias de esas entre medias, imágenes de los catetos de Mississippi quemando casas de negros. Es que son racistas porque son catetos, no sé si ha quedado claro. Y la película se llama Mississippi Burning porque estamos en Mississippi y lo queman.
Por suerte está por ahí un joven William Defoe (sorprende que un día fuera joven) para dejar claro quiénes son los buenos aquí, y una cosa está clara: los buenos no son los negros. A los negros solo hay que salvarlos de los catetos de Mississippi. Los buenos son los del FBI. Punto y final.
Le pongo 3 estrellas porque ha estado entretenida y entiendo que sea un clásico. Pero para clásico, la del racismo estadounidense del KKK.
No sé si os pasa también que a veces no sabéis cuantas “S” seguidas lleva Mississippi. No deja de ser paradójico viendo la trama de la película que sean dos.
Aquí vemos a una pareja de agentes del FBI desplazados a una pequeña comunidad de Mississippi en la que tres activistas antisegregacionistas han sido asesinados. Uno de los agentes es un tipo duro de los de la vieja escuela, proviene del sur, conoce los códigos y maneras de los lugareños y está dispuesto a traspasar el límite de la legalidad con tal de hacer su trabajo (Gene Hackman), otro es un jovencito idealista, comprometido con la causa que atañe al caso, incapaz de seguir otro camino que no sea el que las normas dictan (Willem Dafoe). Qué decir de ellos dos que no sepamos ya. Hackman es puro carisma y se roba la película desde su primer minuto en pantalla. Dafoe es el contrapunto perfecto. Empezaba a destaparse como uno de los actores más interesantes del panorama después de haber estrenado Vivir y Morir en L.A, Platoon o La Última Tentación de Cristo y aquí su contención y compasión hacen de su duelo interpretativo con Gene Hackman el gran aliciente de esta película. Los paletos supremacistas son un desfile de secundarios de lujo: R Lee Ermey (El mítico sargento Hartman de La Chaqueta Metálica. ¡¿Quién ha dicho eso?! ¡¿Quién ha sido el comunista de mierda?!), Brad Dourif (también conocido como Chucky el Muñeco Diabólico o Grima Lengua de Serpiente) y Michael Rooker (ese señor de cara rara y voz ronca que interpretó a Yondu en Guardianes de la Galaxia o a Merle en The Walking Dead). Por último pero no menos importante tenemos a la siempre grandiosa Frances McDormand como la sumisa y atormentada mujer del policía interpretado por Dourif.
La pareja protagonista puede rozar por momentos el poli bueno/poli malo más arquetípico y aunque la complejidad que se le concede al personaje de Gene Hackman salva la función, me quedo un poco con las ganas de ver esa misma profundidad en el personaje de Willem Dafoe. Si aceptando esa condición de apoyo y contrapeso lo borda creo que habría sido un gran acierto conocer más sobre su pasado, su formación, su experiencia, su vida privada…
De todos los momentos que regala Arde Mississippi yo escojo esa escena en la que los agentes del FBI descubren el cadáver del alcalde colgando de una viga. Los agentes se preguntan por qué lo ha hecho si el alcalde no formaba parte del klan. El agente Ward (Dafoe) les explica que era igualmente culpable, pues era testigo y conocedor de los hechos y no movió un dedo por impedirlo. No voy a ponerme pedante y citar a Gramsci y su peso muerto de la historia, pero me parece muy interesante y muy acertado mostrar los efectos del consentimiento activo por parte de las figuras de poder. Para poner en peligro la democracia, los derechos conseguidos o la dignidad de un colectivo no necesitas cien tíos quemando las calles. Basta con que lo hagan dos y los noventa y ocho restantes les den la razón desde sus casas o miren hacia otro lado.
Increíble lo actual que puede resultar una película estrenada en 1988 y ambientada en 1964. Esto sí que es cine de terror.
Missisippi Burning es, aunque basada en hechos reales, una película de ciencia ficción, que nos vende al FBI como gran salvador de los negros y sus derechos. Es un poco cómico también.
Sin embargo, hay algo que plasma muy bien: el cómo la sociedad y cuerpos como el citado FBI solo se “preocupan” por el racismo y el abuso, sometimiento, maltrato y asesinato de negros cuando en ello se ven implicados dos chavalucos blancos y judíos (entonces llamados Andrew Goodman y Michael Schwerner, hoy podrían ser Renee Good y Alex Pretti). Porque si algo no pasa de moda en EEUU es el racismo asqueroso enquistado.
Al margen de los múltiples detalles criticables por el blancosalvadorcentrismo, la cinta tiene otros elementos que hacen de ella una buena película, entretenida: buen ritmo, buena ambientación y buenas interpretaciones. Magnífico Gene Hackman (es verle y acordarme de cómo murió 💔); una joven Frances McDormand (siempre en el lado bueno de las historias); un Duende Verde bueno; y un Eddie Winslow pequeñísimo como verdadero héroe de la película.
En resumen: cualquier película que saque las vergüenzas de la sociedad yankee, siempre PEC.
