The power of music

David Heinz (2017)

 

The power of music (y asumo que este es su título oficial porque es una frase que dice Dale (y bien que la he disfrutado) es la típica película que se deja ver, entretenida, incluso entrañable, pero que cuanto más piensas en ella, peor parada queda.

Por una parte tenemos una peli bonita visualmente, amena y dinámica. El viaje de Elliot y Joni es muy agradable de ver. Esa furgoneta naranja recorriendo Estados Unidos mientras cantan entra muy fácil. Un ex soldado solitario por ahí y unas lesbianas dicharacheras por allá y te has plantado en Nueva York sin apenas darte cuenta y con unas buenas cancioncitas por el camino.

El problema es cuando te pones a analizarla con un poco más de atención y esa fachada tan bonita se empieza a caer a cachos.

Los dos protagonistas, qué decir de ellos. Podemos empezar por volver a recordar la figura de la manic pixie dream girl, que según Wikipedia se define como esa criatura cinematográfica burbujeante y superficial que sólo existe en la febril imaginación de escritores-directores sensibles para enseñar a las jóvenes almas depresivas a abrazar la vida y sus infinitos misterios y aventuras”.

No hace falta decir mucho más. Resulta que esta chica extra maja decide e insiste (hasta límites exagerados) en crear un vínculo con ese ser absolutamente impasible y que solo pone cara de mierda ante cualquier gesto simpático de ella. Supongo que porque ella SABE que tras esa fachada de hombre atormentado e inaccesible hay una bellísima persona, y su misión es que salga a relucir.

Finalmente así es, y lo descubrimos cuando tras 4 días de viaje farfullando monosílabos decide por fin hablar y contestar al padre de la lesbiana negra. Esto es importante (lo de lesbiana negra) porque la película es súper súper inclusiva e intenta reflejar absolutamente todas las injusticias de Estados Unidos, y si pueden ser a la vez mejor. Mi favorita es cuando un dependiente de gasolinera intenta remarcar lo americano que se siente regalando una bandera a los true americans. Wow! Qué sutil, David Heinz -especial gracia me hace que el director se apellide como una multinacional americana de ketchup-.

Volviendo a Elliot, al final el tío acaba (cómo no) enamorándose de Joni cuando la ve bailar, al descubrir en ella esa vitalidad que él ni tiene ni aspira a tener. A partir de ahí él ya empieza a ser un ser humano funcional, incluso empieza a hacerse el gracioso, gastándole bromas como la de decir por el walkie talkie que ella es una pesada. JAJAJAJAJA LOS QUE SE PELEAN SE DESEAN, DILO HEINZ!

En fin, demasiadas cosas que si las piensas dan vergüencita.

Me está quedando una crítica más hater de lo que esperaba. Y aunque es bien merecida, voy a terminar con algo que también me ha gustado. Y es esa sensación que se transmite durante toda la película y que tienen los dos protagonistas (y que supongo que todos hemos tenido en algún momento) de aferrarse a un momento feliz e intentar alargarlo lo máximo posible porque sabes que a la vuelta de la esquina está esperando la realidad, que es una mierda y no apetece mucho enfrentarse a ella.

Y qué coño, también compro el mensaje principal del poder de la música. Eso siempre. No sé si tanto como para que un soldado en guerra decida estrechar la mano a su enemigo después de verle cantar, pero si como algo transformador y punto de unión. ¡Viva la música!

¿He disfrutado este sinsentido de americanada indie cuqui? sí señor.

Esta cucada ha entrado de maravilla porque no hay nada mejor que creer en el amor que nace entre dos desconocidos. Vale que no hay amor ni beso decente ni ná, pero y qué. Yo elijo creer.

Veamos. La película empieza con chica que se conecta a discman de chico sin preguntar. Se me ocurren pocas cosas más invasivas que esa. No miento, si alguien me coge un casco para escuchar mi Spotify sin preguntarme, le mato. Y encima probablemente le mate escuchando El Sueño de Morfeo.

Siguiente cosa que comentar: el outfit de chico. Nada grita más USA que una camisa roja de cuadros y una gorra, por si por el título no quedaba claro que era una peli americana (título que viene y va según en qué web busques).

Y nada. Allá van chico y chica a cruzar las américas porque tienen cosas que hacer en Nueva York. La verdad es que me gusta bastante que no se hayan currado nada los motivos de ir a NYC porque en el fondo qué más da, es realista que todos creamos que nuestros quehaceres son prioritarios ante cualquier suceso histórico. Chico y chica se dan un total de una ducha a lo largo de la película (de la ducha de él realmente no hay pruebas pero suponemos que existe). Y esto no me encaja, porque hay veces que parecen limpios y hay veces que dan asquete pero su sudor no tiene sentido cronológico.

Qué más da. Chico descubre que se ha enamorado cuando ve a chica bailar a cámara lenta. Eso y porque le preguntan quince veces si es su mujer. Cómo no lo van a pensar con esa química folkie que desprenden. Francamente, yo también me enamoraría de ella, porque canta como los ángeles, es muy mona y es super maja.

Solo me queda abordar el tema del 11S. No sé ni qué decir. Es todo un absurdo, han intentado hacer una autocrítica americana pero se ha quedado en el amago. Está el señor ese que a veces tiene voz y a veces no y que vive en una caravana de Nomadland, que si la historia fuera real les hubiera pegado un tiro nada más acercarse, pero aquí es super amable y power to the music (ya no recuerdo su frase pero era la frase estrella). Están las lesbianas que tienen que recalcar que son lesbianas no vaya a ser que no nos hayamos enterado. Están los padres de una de ellas, y está ESA CONVERSACIÓN en la mesa. Ese intento de debate político. El broche de oro a la historia se lo pone el padre homófobo. Chico y chica se van apresuradamente porque en realidad no había manera de acabar esa escena bien y quedaba mejor dar una patada hacia delante y volver a nuestros protagonistas.

Pero, pero, pero.

Nada de esto importa. La ducha, el discman, el outfit, el deber de llegar a NY, la furgoneta hippie que por arte de magia reciben, las carreteras bellísimas, el dinero para gasolina de las lesbianas, el hombre que repara motores. Nada de este nonsense importa cuando hay ¡¡¡¡CANCIONES!!!!!

Es sabido que cualquier cosita a la que pongas música mejora al instante. Y encima cantan juntos, y cuando cantan todo es bonito, y también cantan con gente que se les une. Y son canciones monísimas porque el folk es monísimo y lo vamos a volver a poner de moda.

Moraleja: ponle cancioncitas a tu vida y pasarás de una vida 4 a una vida cañón.

Me ha resultado tan indiferente esta película que llevo media hora ante un folio en blanco sin saber cómo empezar esta reseña (ni cómo seguirla, ni como acabarla). Así que resumiré en algunos puntos por qué me parece una película totalmente prescindible:

  • Las actuaciones: malas con ganas. Resulta que los dos protagonistas son cantantes, no actores. Se nota.

  • Los clichés: uno tras otro, y a cada cual más “American”. Pereza máxima. Estadounidenses unidos, unidísimos, tras una tragedia. Puf. Estadounidenses regalándose banderas de EEUU. Puf. Es que jamás podré empatizar con esta gente.

  • La cantidad de escenas ralentizadas con música instrumental de fondo. Hay una escena tirando hacia el final, en que hasta cortan una canción de los protagonistas (que son los únicos momentos buenos de la película) para ralentizar la escena con una instrumental de fondo. Por favor, basta.

  • La escena en la caravana con un señor sin voz y sin ducha, ¿cuánto duraba? Por lo menos 4 horas ese señor dando la chapa.

  • Que alguien me diga cómo se hacía esta chica las ondas perfectas viajando en furgoneta.

  • Toda la historia de la pareja de lesbianas, sin comentarios.

Me parece que, aunque la premisa era atractiva, el resultado es un telefilm bastante malo y soporífero. Solo se salvan los momentos en que ambos protagonistas se arracan a cantar y tocar la guitarra, que para la calidad que tienen, podrían haber sido algunas más. Y por esas canciones y algún que otro paisaje, le pongo dos estrellas.

Me siento identificada pero yo sustituyo la música folk por la cinematografía japonesa. ¿A quién no le va a gustar una historia de amor de dos desconocidos que comparten intereses comunes? Porque no nos engañemos: es una historia de amor. Cada uno que vea el amor donde quiera pero estar, está.

A priori puede parecer un tema trillado pero me resulta original introducir la idea de road movie y el desencadenante del 11S. Me resulta original pero sobre todo creíble.

California, Arizona, Oklahoma, Tennessee y Virginia, Maryland, Pennsylvania, New Jersey y, por fin, New York.

El encuentro esporádico con personajes secundarios da un respiro y sigue alimentando la trama con ternura y sencillez. Mi favorito la celebración de cumpleaños de Eliot improvisada que desencadena la asistencia a una comida familiar…. incómoda.

Y llegan a Nueva York y todo se rompe un poquito. Y yo me rompo cuando salen las escenas de todas las personas firmando la furgoneta. The power of music.

Se me hace raro estar de vuelta.

Me encantan las road movies americanas. Transamerica, Captain Fantastic y Pequeña Mis Sunshine son algunas de mis películas favoritas. En las tres hay una historia interesante, que de disfruta mas por el envoltorio de la road movie. En American Folk parece que lo único que hay es el envoltorio (la carretera) y unas fotos cuquis de ellos recorriendo USA. El subfondo del 11S no me interesa ni lo más mínimo.

Por el contrario, en general no me interesan los musicales. Suelen parecerme ciertamente una sucesión de escenas ridículas. Eso ciertamente juega no juega a favor de la película. A riesgo de ser expulsado de este blog, contaré que ni siquiera me gustó Sonrisas y Lágrimas y no me hagáis hablar de Anette… Aun así, en algunas de ellas, atisbo cosas que me gustan, o que al menos me entretienen. En cambio, esta película parece un conjunto de clichés que no consiguen salvar el hecho de que sea un musical. La propia película parece vacía, lo que hace que no pueda conectar con ninguno de los personajes. En resumen, me ha parecido una simplona, pero no en el buen sentido. No es graciosa, no es original y para más inri es aburrida.

Creo que como película para televisión de sobremesa tiene un pase, la vocecilla de los protagonistas podría inducirte una estupenda siesta.

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