Le mage du Kremlin

Olivier Assayas (2025)

Nos hallamos ante un proyecto nacido de la novela homónima de Giuliano da Empoli, que Olivier Assayas se encargó de adaptar para la pantalla junto al escritor Emmanuel Carrère. Este último es, precisamente, el autor de una novela que no me canso de recomendar y que viene muy a cuenta: Limonov. Se trata de una peculiar biografía de la figura del poeta y opositor político ruso, quien también aparece brevemente durante el metraje de Assayas. Resulta curioso, además, cómo la película casi coincide en el tiempo con Limonov: The Ballad, de Kirill Serebrennikov (director de Leto, ya comentada aquí), que adapta precisamente la novela de Carrère. Tengo pendiente ver esta última y contrastar las distintas miradas. The Wizard of the Kremlin se puede incluir en el mismo saco que la serie Chernobyl, con una mirada occidental bastante sesgada. Curioso ver a Putin hablar en un perfecto inglés.

The Wizard of the Kremlin no es un film al que acudir como fuente histórica, sino una ficción en la que se pueden rastrear paralelismos con figuras reales. El protagonista, Vadim Baranov (Paul Dano), ha sido ampliamente relacionado con el político ruso Vladislav Surkov. La historia nos llega a través de una extensa entrevista de Baranov con un escritor occidental, un pretexto narrativo que le permite hacer un recorrido por la historia de Rusia desde los años 90 hasta la actualidad. Juega mucho con la idea de que el poder reside en los medios y la visión que se da, y Baranov se convierte en la cabeza de Putin para tal fin.

Estructuralmente, la cinta está dividida en partes y siempre acompañada por una omnipresente voz en off de Baranov. Hay tanta voz en off que cae en la reiteración y la sobreexplicación con los diálogos. La primera sección, que retrata el desparrame y la caótica entrada de Rusia en el capitalismo salvaje, resulta bastante entretenida y dinámica. No obstante, las partes centradas en el ascenso y la consolidación de Putin (Jude Law lo intenta, pero es difícil de creer) se vuelven notablemente densas y llegan a aburrir. El personaje protagonista, interpretado por Paul Dano, es demasiado plano y, aunque intenta transmitir un conflicto moral derivado de todas las acciones del gobierno que tiene que llevar a cabo, da la sensación de estar vacío.

Dicho esto, del barco de Paul Dano no me bajo ni en sus horas más bajas.