El ser querido

Rodrigo Sorogoyen (2026)

Sorogoyen escapa del thriller para abordar un trabajo que explora las relaciones de poder y paternofiliales dentro del ámbito del propio cine. Parece que el metacine marca una tendencia al alza, y son varias las películas dentro del festival que lo practican. La primera que vi nada más aterrizar, Teenage Sex and Death at Camp Miasma, ya tenía una buena dosis de ello, quizás excesiva en su juego de muñecas rusas, pero lograba un resultado fresco, original y con un peso actual detrás de todas esas vísceras y tributos al slasher de los ochenta.

Pero he venido aquí por El ser querido y si hablamos de esto, toca hablar de la archicomentada primera escena de casi 19 minutos. El propio director nos cuenta que su intención era retar a un Bardem que ya lo ha hecho todo. Para lograrlo, programó la escena dejando que la conversación se desarrollara durante una hora y media a partir de diez páginas de guion, y colocó cinco cámaras en distintos ángulos para después trabajar en el montaje, de manera que pareciera que estamos prácticamente espiando la situación. Es ahí donde deja todo planteado y perfilado; no veremos mucho más desarrollo en la trama, la cual seguirá ahondando en el análisis de las relaciones laborales y personales entre estos dos personajes. Especialmente meritoria me parece también la escena del rodaje de la comida, en la que el espectador pasa por un abanico de emociones en las que es difícil no reconocerse.

La parte que menos compro es la de la experimentación. Decía el director que era una película que se prestaba más a jugar con los formatos y arriesgar con ciertas propuestas. Esto funciona dentro del metacine, pero otra cosa es el uso del blanco y negro para los momentos más introspectivos. Estos efectos, más que arropar, subrayan un avance que ya de por sí es reiterativo, provocando distracción y desconcierto.

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