Bucking fastard

Werner Herzog (2026)

Herzog le dedica su nueva película a David Lynch, por aprecio, no para adentrarse en lo lynchiano, aunque estemos tentados de sacar comparativas por su extrañeza. Narrada de modo discontinuo, como componiendo pequeñas partes del universo de las hermanas Holdbrooke (interpretadas por las hermanas Mara), a ratos resulta difícil mantener el interés. El hilo pasa por el anhelo de las Mara, por la disección de las emociones conectadas de estas hermanas. En su interpretación encontramos la fascinación, no exactamente porque piensen, se muevan, hablen y hasta se dice que sueñan a la vez, sino precisamente por buscar la pequeña desincronía que las diferencia.

Herzog crea un mundo muy particular que juega con sus propias reglas, y funcionan. No es necesario saber exactamente el cuándo ni el porqué, que pueden llegar a ser confusos, pero sí aceptar las interacciones de ese mundo como plausibles. Y en la creación de singularidades, la película es admirable, pero la falta de ritmo narrativo es su nota discordante. Y aquí vuelvo a Lynch, pues ser raro es quizás lo más fácil, pero componer un pulso narrativo a base de lo emocional, valiéndose en principio de algo incomprensible, es lo que eleva la obra.

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