The other side of the wind

Orson Welles (2018)

 

The Other Side of the Wind está aquí para recordarnos la cantidad de circunstancias que se tienen que dar para que un proyecto cinematográfico acabe viendo la luz. Un rodaje autofinanciado con apenas presupuesto y grabado durante 6 años de forma discontinua. En la que se rehízo gran parte de las escenas por cambio de actores y que muchas se grabaron con un plano y haciendo el contraplano hasta años después. Las partes tipo documental pretendían, según el propio Walles, buscar lo imprevisible sin ningún tipo de guion ni planificación. Parece que tiene un carácter autobiográfico que nunca reconoció. Su estructura implementa otra película dentro de la película con el mismo nombre que la cinta. De este rodaje salieron 100 horas de metraje, que nunca llegó a montar completamente, solo unos 40 minutos en varias secuencias. Una de estas secuencias fue la del baño. Después del 76 y con todo grabado, la película entra en una guerra de derechos y financiación que hace imposible terminarla hasta que, después de muerto y tras varios intentos de liberar sus derechos, ve la luz en 2018 con la financiación de Netflix y a cargo de Peter Bogdanovich y Frank Marshall.

Personalmente, me cuesta mucho clasificarla. Siento que se me escapa gran parte del sentido y las referencias, aunque me engancha el caos del montaje y el ambiente enrarecido de la fiesta. La película dentro de la película, con sus múltiples formatos, es bastante perturbadora. Pero visualmente contrasta y equilibra la parte documental. Sorprendentemente, me parece que cierra de una manera redonda bastante satisfactoria.

Esta va a costar olvidarla, Jorge. Si la hubiéramos visto hace 15 años en los inicios de El club del cine ahora la recordaríamos como The other side of the shit o alguna cosa parecida.

No cuesta mucho meterse con ella pese a ser de Orson Welles porque esta montada de aquella manera con metraje inacabado de hace décadas. Sorprende que sea Netflix la que haya puesto pasta para algo así. Supongo que tendrá que ver con querer alejarse de la merecida fama que tiene de ser el Burger King de las plataformas de cine, pero creo que hay un punto medio entre sus thrillers compuestos de escenas para Tiktok y este café para súper cafeteros. Me pregunto cuántos de sus suscriptores la han visto en su catálogo y han decidido darle al play.

De la película no tengo nada que decir más que lo obvio: me ha aburrido mucho. El montaje es su gran baza y es un absoluto caos. Alguien en 2018 copypasteando material de una película rodada en los 70 pero inacabada, que al mismo tiempo cuenta de forma no lineal la historia de un director que está rodando su última película mientras también graba su vida porque forma parte de esa película. Muy meta, lo pillamos. Pero no, gracias.

Claramente Jorge es el culto del club del cine. Si me preguntas a mí, Orson Welles lleva muerto mil años y esta película de 2018 nunca ha existido.

Nada, no la compro, no me ha gustado nada, qué coño, no la he entendido tampoco. ¿Qué es película y qué es metapelícula? ¿Por qué Wikipedia tiene tanto que decir de ella si es una secuencia de escenas inconexas? ¿Qué quiere contarnos exactamente la mujer desnuda sin diálogo?

Hubiera agradecido algunos planos más medios y largos, no sé, algo donde ubicarme, un montaje coherente. Un poco de narración no habría estado mal tampoco. Vale, es un tirano director de cine experimental. Unos cuerpos desnudos, un poco de flamenquito, unos escenarios de cine, unos juegos de cámara, un mirar a cámara todo el rato y qué. Dame algo más Orson!! O al menos explícamelo!!

Deja un comentario