Shan zha shu zhi lian

Yimou Zhang (2010)

 

Zhang Yimou es uno de mis directores favoritos y me extraña haber tardado tanto en recomendar una película suya en este blog. Más vale tarde que nunca, supongo.

Yimou es un mago de las emociones, sabe conducirte perfectamente a través de la acción para jugar contigo y meterte de lleno, lo que lo convierte en un fantástico manipulador -en lo más positivo del término-. Maneja de manera virtuosa el cine intimista y realista, cosa que nos ha demostrado a lo largo de toda su trayectoria cinematográfica donde destaca su mano como retratista de los carácteres femeninos chinos colocándolos en la mayoría de sus películas como protagonistas fuertes y decididas. Os recomiendo también Semilla de crisantemo, La linterna roja, El camino a casa y Regreso a casa. Y muchos pañuelos.

En Amor bajo el espino blanco vuelve a mostrarnos su maestría con una película sencilla, cualidad que se repite a lo largo de su extensa obra –con algunas salvedades que no voy a mencionar-. Quiero destacar las actuaciones de ambos jóvenes en los papeles de Sun y Jing, la ternura y delicadeza con que impregnan cada detalle y cada escena. Una química que trasciende la pantalla y logra emocionar al espectador. Y por esto funciona de manera extraordinaria porque nada se dice explícitamente sino con miradas y acciones. No trata al espectador como el más tonto de los bonobos.

Me quedo con muchas escenas de la pareja protagonista pero quiero reseñar lo poético del contacto humano. Sun ayuda a cruzar el río a Jing, sin tocarla, ayudándose de una rama a la cual ella agarra por el extremo. A medida que avanza la película observamos como esos lazos se van estrechando y, finalmente, acaban con las manos entrelazadas. Es el único detalle que nos muestra su “profunda confianza”. Por ejemplo, cuando Jing invita a Sun a meterse en su cama se sucede una elipsis y solo sabemos lo que ha pasado porque ella lo cuenta posteriormente, a esto me refería conque nada se dice explícitamente.

Mención aparte merece la fotografía gracias a la cual consigue estilizadas, delicadas e impactantes imágenes –no consigo borrarme el final de Sun en el hospital-. La estética tan cuidada refuerza su afán de crítica social y con todo ellos se acerca a la sensibilidad occidental: sus historias son fácilmente comprensibles en nuestra cultura –cosa que por ejemplo nos cuesta más entender con asiáticos como Koreeda, Jia Zhang Ke o Hong Sang-soo.

Amor bajo el espino blanco roza la perfección.

Soy yo, Jing.

Soy yo, Jing.

Me dijiste que cuando oyeras mi nombre siempre volverías.

Soy yo, Jing.

Soy yo, Jing.


Con Shan zha shu zhi lian nos enfrentamos ante la típica película china con una estética muy cuidada bajo esa atmósfera tan delicada y sutil con una imponente fotografía, pero que hace lagunas en cuanto al contenido.

Una historia de amor entrañable e inocente fundamentada en la nada que va evolucionando lentamente debido a las numerosas vicisitudes políticas de la época. Esta lentitud se hace protagonista a lo largo de todo el film convirtiéndolo en un ejercicio contemplativo más que otra cosa.

Frente a este entorno tan aseado y pulcro, con esa ambientación tan tenue y frágil, ciertamente, el contexto y el desarrollo de la historia quedan en un segundo plano, pero desafortunadamente, esta atmósfera no es lo suficientemente potente como para poder obviar la falta de contenido, los diálogos tan intrascendentes y las situaciones tan triviales.

No consiguió conmoverme, ni tampoco consiguió atraparme, quizás por su fuerte condición oriental donde la sensibilidad se percibe de otra manera, pero desde luego la intima relación amorosa entre los dos protagonistas es tan etérea, que difícilmente se me hace lo suficientemente entrañable como para emocionarme, donde esta acaba cimentándose en nada más que contemplación y una ligera admiración.

Parece que por ser asiática, con su cultura popular de árboles mágicos, ya es entrañable. Pero que no os engañen, al final es la misma historia de amor de mierda que vemos en Hollywood todos los días, con una ligera crítica al comunismo por aquí y por allá.

No diré que los protagonistas no tienen su encanto, porque la verdad es que son to majos (dentro de lo que es una peli de este tipo) y son lo más salvable de la película. De hecho todo el mundo que aparece es adorable. O igual sólo es mi sensación y en realidad simplemente son serviciales.

El caso es que al margen de esto es bastante aburrida. Puede que visualmente tenga momentos bonitos, pero al menos a mí se me hacen pesadísimos. Para quien le guste lo rural seguro que lo goza con tanta austeridad, campos y riachuelos.

Pero al final lo que prima es la trama romántica y me pasa un poco lo que otras veces, que no sé hasta que punto es una relación viable en la vida real o es un cuento de niños adaptado al cine con actores adultos. ¿Tan malo era el comunismo que ni las adolescentes sabían lo que era follar? No se, Rick. Demasiada pureza veo yo. Y ademas vendida como si fuera algo súper bonito e idílico. Que pereza.

  • TEST DE BECHDEL

Pues fijate, sí que lo pasa y en varias ocasiones. Me vienen a la memoria las conversaciones sobre el aborto o las charlas entre Jing y su madre.

Sabias que… Shan zha shu zhi lian está basada en una novela de la escritora china afincada en los Estados Unidos, Ai Mi. Poco se sabe acerca de ella, salvo que es una bloggera que prefiere mantener su identidad oculta. La novela se ha convertido, a pesar de estas incógnitas, en un éxito editorial.

Y vamos con la ultima peli de la tercera temporada de esta era digitalizada del club del cine. Y lo hacemos con un film chino de Zhang Yimou, que indagando un poco en mi filmaffinity descubro que es la quinta obra que veo de él, que es casi el total de cine chino que he visto en mi vida. Recuerdo con especial cariño de este director la maravillosa “Las Flores de la Guerra”.

En esta ocasión tenemos ante nosotros una película intimista que parece menos preocupada de dirigirse a un publico occidental. Se trata de una historia sentimental, delicada y tierna enmarcada en el periodo de la revolución cultural china. Que aprovecho para comentar que ha sido de especial interés para mi puesto que ha coincidido que estaba leyendo un libro también enmarcado en parte en ese periodo al que estoy terriblemente enganchado: “Trilogía de los Tres Cuerpos” de Liu Cixin. Y es precisamente eso lo que mas me ha llamado la atención, como muestra a través de esta historia la cotidianidad y el lidiar de unos personajes humildes que dejan bien representados los rasgos mas marcados de lo que fue aquella época en china. De la historia prohibida de amor, eje de la trama, me quedo con la ternura y la franqueza que suscita pero me resulta a veces demasiado empalagosa y con una notable falta de originalidad, pues la historia en si y el drama que propone es una y mil veces visto en una interminable lista de películas y libros. Se hace indispensable dotarla a estas alturas de algo mas de originalidad que no te haga desbordar el sentimentalismo y llegar aborrecerlo por momentos. Dicho esto, el trabajo que se nota que hay detrás de la caracterización de los personajes, la ambientación, la pausa y delicadeza con la que esta contada hace de ella una película muy correcta con la que disfrutar y aprender mas de una sociedad no tan trillada en nuestro repertorio habitual.

Me gusta comprobar que aún tengo paciencia para disfrutar de este tempo mas pausado sin que me de un paro cardíaco. Pues se hace una experiencia diferente a la hora de consumir cine que en estos tiempos de fugacidad y cultura de lo quiero y lo quiero YA no se cuanto tiempo mas estaré capacitado para hacerlo.

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