Kamera wo tomeruna!

Shin’ichirô Ueda (2017)

 

Hay muchas cosas que hacen de esta película una experiencia sorprendente, graciosa y muy disfrutable. Lo primero que nos encontramos es con treinta primeros minutos de uno de los mayores troleos del cine, ¿qué coño hago viendo esto? es lo mínimo que se te pasa por la cabeza, la sorpresa viene cuando descubres que es la base para todo lo bueno que vendrá después. Muy pocas veces se produce una remontada así dentro de una película, pero la verdad es que acabas deseando haber estado mas atento a ciertos detalles del comienzo.

Sin duda, entre las principales razones para haber hecho esta propuesta están: la fascinación por conocer mas de los recursos técnicos dentro del cine, la capacidad que tiene este film para presentarte a unos personajes que acabaras conociendo de una forma singular y que al final del film casi ves con familiaridad, lo que ayuda a darle unos toques de humor buenísimos. La importancia de la empatía que se desarrolla con los personajes es clave y a la vez asombrosa con los pocos datos y recursos de los que dispone una película que prácticamente es una repetición del transcurrir de 30 minutos.

Incluso durante los créditos, usando una vez más la misma formula vuelve a ser gratamente sorprendente.

Daré un dato curioso sin que sirva de precedentes y es que esta peli, que podemos catalogar de programa amateur de bricolaje, ha recaudado mas de treinta millones en todo el mundo con un presupuesto de menos de 25mil euros. Ahí es nada, igual también merece que le cantemos el cumpleaños feliz.

Lo siento pero no.

Jo.

Ojalá sí, pero no.

Le aplaudo muchas cosas: el plano secuencia con el que empieza la película, el intento de hacer una ‘Zombies party’ a la japonesa (aunque se quede en eso, un intento) y el «roto» que divide a la película claramente en dos partes.

Pero aún así no he podido evitar aburrirme. Su tono «comedia-terror» no es lo mío. Le alabo el gusto por mostrar el trabajo del cine y el currado de actores que no eran profesionales -esto lo he buscado tras preguntármelo varias veces viéndola- pero no me genera nada.

No siento que haya perdido el tiempo porque la película no deja de tener un pequeño componente original pero dudo que la vuelva a ver.

Ha pasado ya un rato desde que la terminé y sigo flipando con la perfección con la que logra encajar cada pieza del puzle que es la película.

El mayor mérito de One cut of the dead es remontar esa primera media hora infumable que se me hizo absolutamente eterna y que sólo auguraba lo peor. Sorprendentemente, tras ese cutre-plano-secuencia, la película adquiere otra dimensión y se convierte en algo curioso al principio y que te va atrapando según avanza.

Es una gozada ir descubriendo como van encajando todas las piezas del rompecabezas que nos han enseñado en esa primera media hora. Ahora las partes más ridículas y odiosas se convierten en las más geniales. Maravilla como encajan todas las capas. Un guión que valdría la pena leer y un rodaje que tuvo que ser una coreografía que flipas. Puro cine, niño.

Incluso cuando se sale de este meta-rodaje nos muestra cosas que nadie hace. Por fin la figura del director pringado, al que solo llaman para hacer comerciales y TV movies y que a la mínima presión renuncia a su visión de la película.

Le he dado cuatro estrellas porque ese primer tramo no deja de ser aburrido, pero tras acabar la película, esa es casi la parte que más apetece revisionar. Los momentos en los que el director parece que rompe la cuarta pared, luego vemos que no es tal cosa. Los silencios incómodos de los actores que te hacen odiar y no entender la película al principio, ahora son momentos delirantes…

Todos esos pequeños detalles milimétricamente pensados y rodados convierten la peli en algo hipnótico. Entre eso y la sorpresa que ha supuesto para mí (no había ni leído la sinopsis y el inicio de zombis de serie B solo me ha espantado), le doy mi premio personal a mejor película de la temporada.

Me gusta que las últimas películas de ECDC tengan como tema en común el cine. Es fascinante ver a directores dirigiendo y a cámaras grabando a otros cámaras. Y aquí más, porque si la última media hora lo he flipado lo más grande, ya con los créditos me he venido arriba. La parte central de la película me estaba dejando un poco indiferente, pero ha terminado y quería más.

One Cut of the Dead se divide expresamente en tres partes. Está todo pensado para que la primera te quite las ganas de vivir, en la segunda entiendas todo y en la tercera te levantes del sofá dando las gracias por haber aguantado y aplaudiendo lento por semejante originalidad.

Lo malo es que yo, no os voy a engañar, no tengo ninguna cultura de películas zombies. Ni japonesas. Nada de todo lo que esta película venía a enseñarnos. Nada. No sé nada de los zombies. Nada, te lo juro. No sé por qué se hacen tantas películas de invasiones zombies si supuestamente andan tan despacio. Así que yo en el plano secuencia inicial estaba más perdida que en estado de negación. Como que no me cuadraban las cosas (la chica gritando durante media hora, la conversación “¿estáis bien? ¿estáis bien?”, el despliegue de defensa personal…), pero pensé “seré yo que no entiendo las pelis de zombies japonesas”. Luego se descubrió el pescado vendido y claro ¡ponme más zombies japoneses por favor!. Es más, una cosa te digo, hubo alguna parte del principio que me dio miedo. No tengo perdón, seré una cagada siempre.

Pues eso, esta película no es otra cosa que una demostración de que las películas de series B pueden convertirse en A y de que puedes marcarte un peliculote con poco dinero. No hay que pedirle más y hay que agradecerle mucho.

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