Anashim shehem lo ani

Hadas Ben Aroya (2016)

Mientras veía la película la he disfrutado mucho, especialmente porque todo el rato ocurren cosas NORMALES. A veces hace falta que alguien te retrate el día a día de un veinteañero para poder sentirte identificado y darte cuenta de que el resto de películas son pura fantasía.

Tiene tantos lugares comunes (y tan poco explorados en el cine) que te hace entrar de lleno en su mundo. Las citas tinder, conocer a alguien nuevo, las discotecas, los mensajes de whatsapp, el sexo, el mal sexo, master chef, andar por la calle escuchando música… Quien más y quien menos todos hemos vivido estas situaciones y me parece un gran acierto de la película mostrarlas con tanta naturalidad. Un gran reflejo de lo que es la vida de alguien normal en sus 20.

Por otra parte, pese a que esa atmósfera me cautiva totalmente, la trama en sí me da un poco más de pereza. Se sufre un poco viendo a la protagonista tan desubicada, cagándola en todas sus interacciones. A los tíos random de tinder los trata tan mal que dan penilla, con el judío intenta hacerse la dura pero no cuela y al exnovio le acosa de toda forma posible. Demasiada intensidad para mi.

Luego está el otro, que es el típico pesado que repite cada media hora que no quiere nada serio, por si había dudas. Aunque quien puede culparle después de todo. Algo de olía el chaval.

En definitiva, una dupla un tanto extraña, que se ve que no tiene mucho recorrido, pero que nos sirve para descubrir un día cualquiera en Tel Aviv. Que visto lo visto, no dista mucho de uno en Madrid.

Segunda película israelí que veo en El Club del Cine, y segunda que disfruto. He leído varias comparaciones con Lena Dunham y su debut Tiny Furniture y no estoy a favor de esto, parece que cualquier mujer que haga una película de bajo presupuesto sobre relaciones entre jóvenes es la Lena Dunham de -inserte país-. Ya ha llegado el momento de dejar de meter a las mujeres millenials en el mismo saco y valorarlas individualmente. Dicho esto, siempre a favor del mumblecore.

Me parece de admirar el debut de Hadas Ben Aroya como directora, productora, guionista, actriz y básicamente persona que hace todo. La evolución, o más bien estancamiento, de su personaje me ha cautivado y el tono serio es un acierto, que la juventud no es un continuo cachondeo.

La protagonista sufre una dependencia emocional muy tóxica que lamentablemente unos y otras tenemos muy cerca de nuestros círculos, a ver quién no se ha arrastrado alguna vez. Nos transporta desde el “quizá quedemos, que no me gusta hacer planes” envuelto en una mística de seducción para luego terminar pisoteándonos con la más cruda realidad: el abrazo de serpiente más largo de la historia. Joy y el resto de personajes intentan encontrar el equilibrio entre la independencia y vivir una relación, aunque nunca vemos que termine bien. Chapó por el chico que es capaz de ver desde el principio que lo de Joy no era muy sano.

La soledad de la juventud es un tema recurrente en muchas películas de directores y directoras jóvenes, pero es que yo no me canso de verlas, así que brindo por todas las que vendrán, así como de las películas sobre la vida: pasarte tinder en la cola del súper o las entrevistas para compañeros de piso.

  • Lo mejor: saber que hay algo que nos une internacionalmente entre culturas y países y que eso sea Masterchef y su sentimentalismo barato.
  • Lo peor: Que una y otra vez aseguren que no han practicado sexo porque no ha sucedido la penetración.

Me encuentro con esta propuesta sencilla y naturalista que para mi tiene luces y sombras pero en general me parece una buena forma de iniciarse de Hadas ben Aroya, que ademas de dirigirla la escribe e interpreta al personaje protagonista.

Empiezo por lo bueno. Es un gran reflejo de la generación millennial, sobre todo a través del personaje protagonista, que muestra una personalidad perdida, sin encontrar un objetivo ni una forma de materializar bien el tiempo del que dispone y sin ser constante en nada. De la misma manera las distintas relaciones que mantiene, todas ellas distintas, conforman un buen reflejo social actual y nos dan una buena estructura para entender a la joven. El final, es dentro de la obra lo único que se sale un poco mas del tono realista, y sin llegar realmente a entender muy bien que es lo que busca (quizás un matiz más del comportamiento del personaje o una metáfora de la incapacidad de dejar ir su ultima relación) aun así me aporta esa ruptura que necesitaba para no quedar demasiada plana.

Por otra parte, siempre me da la sensación de que falta algo, es un buen reflejo y esta contado de forma correcta pero no es original, da la sensación de que todo te lo han contado ya mas veces y no tiene un guion brillante que supla las carencias. Y luego están los movimientos de cámara que lejos de lograr un objetivo de integración del espectador son mas bien molestos con sus ángulos y el continuo movimiento.

Dicho todo esto, voy con unas cuantas tonterías que pienso mientras la estoy viendo: la primera copa que se pide en el bar aun esta esperando el camarero para cobrarla; lo de parar coches en mitad de la carretera para poder cruzar tipo persecución de peli de acción no le pega; beberse un copazo sin un solo hielo es lo único que no me ha incitado a la fiesta.

Magnífico reflejo de las relaciones afectivas que tenemos la generación millennial. Joy es sincera, fresca, ingeniosa y está intentando deshacerse de su último fantasma. Nadie sabe cómo se hace esto pero todos lo intentamos.

Un gran acierto mostrar a las personas y sus actitudes o comportamientos como son. Y digo como son y no como podrían ser porque les creo. A Joy, a su rollo nuevo y hasta al exporádico de la gonorrea.

Creo que no tengo nada negativo que decir. No le doy el sobresaliente porque me hubiera gustado saber un pelín más de la vida de Joy y no solo su parte «sentimental» pero entiendo que la película va de eso.

Me quedo con esta frase tan acertada y a través de la cual se puede hacer todo un estudio antropológico (o de género):

«Me revienta que los tíos acaban convirtiéndose en estúpidos puretas cuando las chicas actúan a sus anchas.» 

Es una peli que llega porque creo toca algunas taras generacionales en las que me he visto reflejado, la búsqueda de la intimidad, intentar superar una relación en el mundo del Tinder o con lo que sea. 

A destacar el primer momento intimo que tiene con el Judío que le suelta el miticoNo te puto pilles ya te pone los pelos un poco de punta. En esa escena ponen Where do you Sleep Last Night, el blues machista por excelencia, puntazo. Las escenas de sexo en general son muy naturales y le dan credibilidad y calidez a la historia.

Luego la historia se desinfla un poco y se vuelve algo lenta. Lo peor la tortura musical de cuando ella canta ¿de verdad era necesario?

 Lo que más me gusto fue la escena final, que hace de corolario al estado emocional de Joy y pone de manifiesto todo lo que se había ido dejando caer durante toda la trama. Tiene una cómica, trágica y de vergüenza ajena que me dejó impactado. Sin duda esta escena hace que te quedes con mejor sabor de boca del conjunto de la película

Acto 1: Joy llora desesperada ante una pantalla, le ruega a alguien, ¿su novio tal vez? que está desesperada por volver con él. Se lo suplica, una y otra vez, mandando mensajes e incluso vídeos que en un momento dado comienzan a dejarla en una patética y triste situación. Joy le ha hecho daño a alguien, a alguien a quien quiere, porque Joy es así, no puede evitarlo. Ahora se siente mal, culpable y sucia, y daría lo que fuese por no haberlo hecho. ¿Es así? No lo sé, creo es que Joy no quería a ese chico. Joy le tenía aprecio, cariño. Él era bueno con ella, nunca le haría daño ni la traicionaría, pero ese chico no conseguía llenar el vacío que Joy tiene en su interior. Ningún chico podrá, probablemente.

Acto 2: Joy pasea con sus cascos rosas y su look desenfadado. Va a reunirse con un chico, este le gusta. Veamos qué pasa. Los dos tienen claro que no quieren nada serio, divertirse sin ataduras. Joy tiene que mostrar que todo le da igual, que no pueden herirla, bromea sobre el compromiso y banaliza el sexo, eso lo hace todo más fácil. Pero Joy no puede engañarse a sí misma, esa voz sigue ahí, dejándole claro que no puede ser feliz. Este chico es distinto, es sensible, comprensivo y amable, pero no sirve para comprometerse, se cansa rápido, y lo tiene asumido. A Joy no debería afectarle, pues a ella le pasa igual, pero le afecta. Le afecta porque necesita algo, necesita a alguien, no sabe lo que necesita, no sabe lo que quiere, nunca lo sabrá. Lo único que sabe ahora mismo es que se siente rechazada.

Acto 3: Es entonces cuando aparece ese horrible sentimiento, la soledad otra vez. De neuvo esa sensación que te hace querer lo que no puedes tener, aunque no lo quieras. Eso que te lleva a hacer cosas que no quieres hacer, porque otros sí quieren hacerlas, pero a ellos les sale natural. Quedas con el otro tío, el que no quiso vivir en tu piso. No te gusta, de hecho te aburre, incluso te desagrada, pero tienes que hacer algo. Llévale a casa, habrá que hacer algo. Pero no funciona, claro. Esa voz sigue ahí.

Desenlace: Necesito algo, no sé lo que es, pero lo necesito. Lo busco pero no lo encuentro. Me aferro como un parásito a las personas para intentar absorber de ellas lo que me falta a mi. Pero a ellas también les falta algo. A todos nos falta algo, y no hay remedio.
¿Por qué me siento tan sola? ¿Será siempre así? Sí.

Vi la película mientras me tomaba un vaso de leche.

La película respira influencias de la Nouvelle Vague en todo momento, incluso por momentos se veía casi como un tributo a Godard. Es de apreciar el trabajo de la directora, quien no solo dirige sino produce y hace el papel de la actriz principal, y con todo, consigue una película estilísticamente correcta. El bajo presupuesto y la ausencia de artificio están presentes especialmente en las escenas de la calle y eso le da carisma, permitiéndonos valorar el cine fuera de esas grandes superproducciones. Pero repito de nuevo, en mi opinión es un tributo a la modernidad cinematográfica en muchísimos sentidos.

La película, pese a su corta duración, se hace pesada y tediosa, pero ¿no es exactamente lo que la directora trata de transmitir? También, con su cotidianidad nos permite entender y empatizar. Me gustaría destacar la escena de la discoteca cuando la protagonista va con el chico. Es una escena entera plano secuencia en la que el espectador recibe diferentes sensaciones dependiendo del uso de la cámara, la luz y el sonido. Sentimos cierta angustia cuando la cámara deja a la protagonista fuera del encuadre, sentimos la tensión en la mirada de la chica rubia, nos transmite su niebla mental al no dejarnos ver mientras va a por una copa, y la ilusión y la fantasía que viene en la música y la iluminación cuando llega el chico, una alegría que incluye un gato pasando por detrás del plano y un cambio en el formato.

En conclusión, la resumiría como un tributo millenial a la Nouvelle Vague

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